
La industria tecnológica es la reina de la obsolescencia programada. En menos de dos años, un móvil queda anticuado en el mejor de los casos; en el peor, incluso deja de funcionar. Un ordenador portátil puede durar algo más, pero cuando llega la hora de repararlo, es fácil que cueste más pasarlo por el taller que comprarse uno nuevo y mucho más moderno. Esta dinámica, a la que se ve abocado el consumidor, genera al cabo del año toneladas y toneladas de desechos electrónicos, altamente contaminantes, y que, además, acaban en buena parte en países africanos y asiáticos. Leer más










