
Las prisas nunca son buenas consejeras. Y si estamos hablando de comprar pisos, todavía menos. Pero a las entidades financieras la sabiduría popular parece no importarles en demasía. Se han lanzado a una carrera desesperada por deshacerse de la mayor parte de su stock inmobiliario, que continúa aumentando a causa de las ejecuciones hipotecarias y que ya ha superado los 60.000 millones de euros en sus balances.









