Bancos y cajas se hallan en plena campaña para captar el ahorro de los consumidores. El objetivo es utilizarlo para cubrir sus deudas, ya que los mercados de crédito mayoristas les han cerrado prácticamente sus puertas. Así, las entidades financieras españolas intentan que sean los consumidores quienes les saquen del problema que ellas mismas se han creado.

Para conseguirlo están echando mano de productos como los pagarés, que entrañan mayor riesgo para los consumidores que las cuentas o los depósitos, pero que les permiten ofrecer una mayor rentabilidad -al no requerir de una aportación extra al Fondo de Garantía, como en el caso de los depósitos que superan actualmente el 3,15% TAE- y así poner el cebo a los pequeños ahorradores y atraer más ahorro para llenar sus arcas.

Banco Santander ya anunció hace unos días la emisión de hasta 7.500 millones de euros en pagarés hasta finales de año, destinados a pequeños ahorradores, y ahora BBVA hace lo propio con una emisión de hasta 10.000 millones de euros de aquí a un año, la operación de mayor volumen en pagarés para inversores particulares. Antes de considerar siquiera adquirirlos, debemos analizar concienzudamente diversos aspectos. No se lance a ciegas a su contratación y tómese su tiempo antes de tomar una decisión de la que pueda arrepentirse.

 ¿Está seguro de que el banco podrá pagarle cuando los pagarés venzan? 

Para empezar, hay que tener en cuenta que el pago de los pagarés depende íntegramente de su entidad y no está respaldado por ningún fondo de garantía, algo que sí ocurre con los depósitos –respaldados con hasta 100.000 euros por el Fondo de Garantía de Depósitos-. Esto significa que si su banco o caja de ahorros se va a la quiebra, no habrá nadie que responda por ellos y le devuelva su inversión, sino que usted pasará a la lista de acreedores y deberá esperar su turno para cobrar, por detrás de todos los demás.

En este sentido es muy importante conocer la situación financiera de nuestra entidad, su solvencia (disponibilidad de efectivo) y su vinculación con el ladrillo, ya que ésta podría lastrarle considerablemente. No adquiera productos en cualquier entidad cuya situación financiera le ofrezca la más mínima duda.

 No deje que su entidad financiera le encadene a ella 

En general, las cantidades mínimas para adquirir pagarés suelen ser altas: en el Banco Santander, el mínimo es de 30.000 euros; en Liberbank, de 50.000 y, en el BBVA, de 6.000 euros. Antes de comprometer cantidades tan significativas, evalúe sus necesidades futuras y reserve, además de las previsiones habituales, un extra para gastos imprevistos. No aporte más ahorros de lo que puede permitirse, ya que puede costarle caro, ni se encadene por largos periodos de tiempo. Nunca se sabe cuándo puede necesitar el dinero.

El consumidor debe tener en cuenta que los pagarés son un activo de renta fija y, por tanto, se negocian en el mercado secundario –AIAF-, que suele ser muy poco líquido ya que ofrece pocas garantías de venta antes del vencimiento. Y, aunque ésta fuera posible, nada le garantiza que el precio de venta sea igual o superior al que le costó adquirir los pagarés, por lo que puede perder dinero con la operación. El riesgo es importante.

Más allá de eso, también hay que tener muy presentes las comisiones vinculadas a los pagarés. Aunque normalmente este tipo de productos en sí mismos no conllevan comisiones, sí suelen requerir la apertura de una cuenta corriente y una cuenta de valores vinculadas a los mismos y éstas pueden acarrearnos unos intereses importantes, sobre todo en caso de venta anticipada. Además es preciso señalar que las entidades financieras suelen aplicar comisiones de entre el 0’4 y el 1% por cancelación anticipada; comisiones aplicadas sobre los días que resten para el vencimiento del pagaré.

Una vez valorados todos estos factores el consumidor debe hacerse la siguiente pregunta: ¿merecen la pena los pagarés?

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