Para lograrlo, es clave que los nuevos hábitos de consumo se orienten hacia un modelo de consumidor mejor informado, más crítico y por tanto más responsable. Desde el comienzo de la crisis y ante la falta de soluciones políticas, ADICAE ha desarrollado un papel activo en la defensa de los derechos de los consumidores, tanto con propuestas normativas como a través de movilizaciones sociales.

Esta intensa labor permite comprobar los problemas económicos y situaciones de exclusión social a los que se enfrentan las familias españolas. La crisis ha evidenciado las carencias de nuestro frágil sistema de bienestar, en el que la protección social a los consumidores se ha visto desplazada, desviando el Estado las ayudas hacia el rescate de los bancos y las cajas. Por eso, la necesidad de establecer modelos de consumo y economía diferentes a los predominantes hasta ahora (impulsores de la actual situación) son temas muy urgentes que deben ser tratados de inmediato.

El consumismo que ha dominado la sociedad española en los últimos años, fomentado por los interesados bancos y cajas, hizo que el crédito (sobre todo el hipotecario) se disparara sin control. Los préstamos, hipotecas, créditos al consumo y las tarjetas con tremendos intereses han llevado a miles de consumidores hasta niveles de sobreendeudamiento que no son capaces de asumir. Muchos de ellos, familias que vivían en un entorno de normalidad social, participan hoy en las elevadísimas cifras de exclusión social que comprende nuestro país. La crisis, el desempleo, el sobreendeudamiento, las deudas, los fraudes al ahorro de los últimos años… tienen que llevarnos necesariamente a modificar nuestros hábitos de consumo.

La coyuntura económica actual a la que es inherente el cierre del crédito bancario, nos lleva por obligación hasta hábitos de consumo más racionales y menos compulsivos. Estas actitudes que se han iniciado de forma impuesta u obligatoria por las circunstancias no deben olvidarse, manteniéndose en su medida cuando el crédito vuelva a abrirse de nuevo. El consumidor tendrá que determinar cuáles son sus necesidades y qué grado de endeudamiento sería capaz de asumir sin comprometer su calidad de vida en el futuro.

La idea de asimilar la posesión de bienes a la satisfacción personal tiene que dejarse atrás y vincular la calidad de vida a valores relacionados con la solidaridad y la participación social. Olvidemos los anticuados mensajes absurdos que fomentan la satisfacción del consumo, alentados por interesados que nos han llevado hacia las situaciones como las que estamos viviendo en la actualidad. Nosotros, como consumidores críticos y proactivos, debemos movilizarnos para que mejore la regulación que nos protege.

La creación de un movimiento de los consumidores que fomente una nueva cultura de consumo, el ahorro y el crédito responsable es imprescindible. Debemos ser capaces de imponer nuestros derechos para que no vuelvan a verse ninguneados por las entidades financieras y los gobiernos.

 El nuevo consumidor poscrisis 

La crisis económica cuyos efectos comenzaron a manifestarse a partir del año 2008 ha provocado cambios importantes en el comportamiento de los consumidores. Muchos de estos cambios van a ser permanentes, puesto que son resultado de esta crisis y desgraciadamente muchas familias han sufrido las consecuencias de la coyuntura de forma directa y les han llevado hasta terribles situaciones de exclusión. Se han reconsiderado las ideas y hábitos que hasta ahora estaban interiorizados y todos estos cambios conducen hasta el perfil de un nuevo “consumidor postcrisis”.

Entre estos cambios más significados podemos señalar:

La prudencia económica. La crisis ha hecho comprender a los consumidores los riesgos de dejarse llevar por la inconsciencia en la administración de su economía personal.

Nuevos hábitos y menos impulsos consumistas. Los consumidores, para adaptarse a la crisis, han tenido que corregir algunos de los comportamientos más excesivamente consumistas. Los “caprichos” referidos a casi todas las economías medias españolas merecen una reflexión, dedicando solo los excedentes de nuestros ahorros y meditándolos más de dos veces, sin dejarnos llevar por pensamientos impulsivos. Con la crisis la idea de que es necesario un cambio de rumbo en los hábitos de consumo se ha extendido y consolidado.

El presupuesto doméstico. Sería necesario volver a los sanos hábitos de la contabilidad doméstica, previendo razonablemente ingresos y gastos. Elaborar un presupuesto de referencia que defina los gastos mínimos para vivir el día a día de la economía puede ser muy útil. De este modo, el consumidor puede comparar sus gastos con los mínimos de referencia, ver si los supera, analizar el porqué y las medidas que puede tomar.

Un consumidor más responsable y racional. La crisis ha propiciado una evolución del consumidor hacia comportamientos más racionales, entendiendo que el momento de la compra debe valorar los bienes en función de su uso y su precio. Esta vuelta a la racionalidad hace que el consumidor sea más inteligente, más capaz de defender sus propios intereses y menos sensible ante la publicidad. Un nuevo consumidor más analítico que decide dar prioridad a un consumo racional y a un precio adecuado.

Mayor autonomía y menor dependencia y confianza en los empleados financieros. Antes de la crisis existía en muchos ciudadanos una sumisión hacia los “expertos financieros” de Bancos y Cajas, con los que tenían una actitud que podemos calificar de sumisión, basada en la confianza sobre sus asesoramientos y consejos. Les parecían profesionales en los que podían confiar. Esa actitud ha cambiado mucho ya que la crisis ha mostrado lo irresponsables que eran los comportamientos y consejos de muchos de estos “expertos”. Ahora sabemos que el banco no es nuestro amigo y que su personal no puede actuar de consejero objetivo, ya que se mueve por intereses comerciales y puede que nos oculten características esenciales con el objetivo de vender el producto..

Información y orientación. Los abusos y fraudes al ahorro sufridos por los consumidores en los últimos años (colocación indebida de productos de riesgo, cláusulas abusivas en los contratos…) han puesto de manifiesto lo esencial que es la información y orientación antes de la firma de un contrato. Los consumidores han empezado a concienciarse de que nunca pueden dar por sentado la buena fe del banco y deben ser conocedores de sus derechos a la hora de contratar, estudiando las condiciones y solicitando orientación antes de la firma.

Participación en organizaciones sociales. La movilización y los cambios sociales deben ser promovidos por los ciudadanos. Las asociaciones de consumidores son la plataforma para que los poderes públicos tengan en cuenta nuestras reivindicaciones. Los ciudadanos organizados podemos cambiar muchas cosas y para ello tenemos que convertirnos en el motor del cambio, adoptando una actitud crítica, responsable y solidaria.

Este texto forma parte del Curso de Agentes Activos de Consumo, que ADICAE imparte gratuitamente a través de su plataforma online de educación financiera y de los grandes temas del Consumo. Si quieres saber más entra en http://educacionfinanciera.adicaeonline.es/enrol/index.php?id=14

 

 

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