Muchos consumidores siguen tirando de los ahorros del pasado para poder sostener su economía familiar. Ante la incertidumbre futuras, el ahorro se ha convertido en una necesidad, que supone un importante esfuerzo para los consumidores. Por eso, y ante la variedad y complejidad de los productos de ahorro, es necesario conocer en qué, cómo y para qué ahorrar. Para los consumidores se plantea un año en el que las decisiones financieras tendrán una gran relevancia, y desde ADICAE queremos ofrecerle una pequeña guía del ahorro para este 2015.

 ]Depósitos bajo mínimos 

La bajada de tipos del Banco Central Europeo ha servido de excusa para que la mayoría de bancos sitúen la rentabilida de sus depósitos por debajo del 1%, y eso con suerte… Ni siquiera los depósitos a plazo fijo a más de 12 meses alcanzan ese porcentaje, y cuando lo superan, es porque tienen una inversión mínima muy alta (de más de 50.000 euros) y exigen una gran vinculación del usuario con la entidad. Así, pueden llevar asociada la domiciliación de la nómina o la contratación de un fondo de inversión. Esto contrasta con lo que ocurre en el resto de la zona euro; mientras la media de los tipos de interés se situó en España en 0,62% para los depósitos a un año, la media de la zona euro fue 1,12% (datos a octubre 2014).

La gran ventaja de los depósitos es que el dinero está asegurado hasta un máximo de 100.000 euros por titular y entidad por el Fondo de Garantía de Depósitos. Por contra, hay que tener en cuenta cuándo vamos a necesitar el dinero, ya que si lo dejamos largo plazo y lo necesitamos antes, pueden penalizarnos por sacarlo antes de que venza el plazo.

 Fondos de inversión: estúdielos con detenimiento 

La baja rentabilidad de los depósitos ha puesto en relieve los fondos de inversión, que ofrecen en algunos casos rentabilidades más atractivas y que en 2014 tuvieron su mejor año desde 1998 en cuanto a patrimonio invertido. En cuanto a rentabilidad, la media anual para el total de fondos se ha situado en el 3,70%. El problema de este instrumento de ahorro es que bajo la denominación “fondo” se esconde en realidad una enorme variedad de productos: los hay desde “garantizados”, en los que la entidad se compromete a devolver todo el dinero invertido, a “con objetivo de rentabilidad”, en los que se ‘promete’ un rendimiento, que puede producirse o no. También son variados en cuanto a dónde invierten, ya que pueden hacerlo en renta fija o deuda pública, o hacerlo en renta variable, donde se está a expensas de los mercados.

Por todo ello, hay que exigir a la entidad que nos dé toda la información (dónde invierte, qué riesgos tiene…), y prestar especial atención a las comisiones que pueden laminar bastante la inversión. Si ya se tiene uno contratado, conviene valorar cambiarse a otro, ya que podemos encontrar ofertas que mejoren nuestras condiciones actuales.

 Bolsa, solo para los más preparados 

Desde todas las publicaciones económicas se apunta a la Bolsa como “la gran apuesta para 2015”, y se inclinan por la renta variable. Pero hay que invertir en acciones de empresas que cotizan requiere experiencia y conocimientos avanzados, por lo que es un tipo de inversión solo aconsejable para los ahorradores más arriesgados y preparados. Mucho más cuando las Bolsas se han demostrado extremandamente sensibles a los acontecimientos globales: crisis políticas, económicas e incluso sanitarias al otro lado del mundo pueden afectar negativamente al valor de las acciones y hacer que caígan en cuestión de segundos. Los ahorros que se invierten en Bolsa no están garantizados, y el riesgo de pérdidas es importante.

Si finalmente decide invertir en Bolsa, no destine todo su dinero a este mercado volátil, y hágalo en empresas consolidadas en sectores afianzados. Los pequeños ahorradores se ven tentados a invertir en acciones a través de las OPV (Ofertas Públicas de Venta, bien para ampliar capital, bien cuando realizan su salida a bolsa) que lanzan a bombo y platillo grandes compañías como Endesa o Aena. A primera vista, parecen sectores sólidos y atractivos, pero hay que estudiar bien la situación de las empresas y tener en cuenta casos recientes, como la salida a Bolsa de Bankia. Tenga además en cuenta que habrá de afrontar comisiones y otros gastos asociados.

 Letras, bonos y obligaciones, seguros pero cada vez menos rentables 

La deuda pública, esto es, las emisiones que el Estado lanza para financiarse, ha sido en los últimos años un valor “refugio” -esto es, considerado seguro- para todo tipo de inversores. Hay tres tipos: Letras, Bonos y Obligaciones, que se diferencian en el plazo de devolución (de menor a mayor periodo) y tienen en común que los intereses y la inversión están garantizados por el Estado. La rentabilidad que ofrecen no se conoce hasta que se cierran las emisiones, por lo que los datos de emisiones pasadas solo pueden servir como orientación.

Desde el comienzo de la crisis, ante las dificultades para financiarse de los Estados, la deuda pública ha tenido rentabilidades interesantes. Sin embargo, al bajar la presión de los mercados financieros sobre los títulos públicos, las rentabilidades han caído. Así, por ejemplo, la subasta de letras a 1 año realizada en enero de 2015 arrojó un tipo de interés medio del 0,213 %; los bonos a 3 años fijaron su rentabilidad en el 0,556%. Para aprovechar mejor estas rentabilidades, los ahorradores pueden plantearse comprar directamente estos productos al Tesoro Público, ahorrándose así el gasto en intermediarios. Hay que tener en cuenta además que se pueden negociar en el mercado.

 Renta fija privada, un cóctel de riesgos 

La renta fija privada puede adoptar la forma de pagarés, bonos, cédulas, deuda subordinada, participaciones preferentes… En definitiva, suponen un préstamo a una entidad, que a cambio dará unos intereses, por lo general variables en función de la evolución de la empresa, por lo que invertir en este tipo de producto exige conocer bien el sector en el que se se hace. Cada vez adquieren forma de productos más complejos, difíciles de entender por los pequeños ahorradores. Al igual que ocurre con la Bolsa, se trata de un mercado muy volátil, y desde las propias gestoras de inversión se augura un año difícil con rentabilidades bajas.

A la falta de garantía en la rentabilidad hay que sumar los múltiples riesgos que conlleva: pérdidas del capital invertido, bajada de tipos, imposibilidad de obtener liquidez, valor de mercado por debajo del precio al que los compramos… En definitiva, los ahorradores de perfil conservador deben desconfiar de este tipo de productos.

 

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